¡Buen tiempo! y ¡Mal de pies! Pagando el exceso de la bajada de ayer que, me acabo de enterar, podría haber evitado quedándome en el refugio que hay al lado de Bachimaña, el embalse que está encima de Baños de Panticosa (unos 800m por encima). Necesito al menos dormir diez horas y unos pies nuevos (Miguel Ángel, ya estás tardando con el kit de pies, que el kit de rodilla nunca llegó).
Aún así, y después de dos horas y media de subida contínua y bastante sosa, comienza una nueva jornada de belleza descomunal inagurada con una aparición repentina: el monstruo el Vignemale (por cierto, este sí es el Vignemale, el del otro día era el Balaitus). 3298m de roca y glaciar delante de mis narices. A sus pies, el valle del Ara, el perfecto valle verde paradisíaco en el que, además, no me encuentro un alma. ¡Todo para mí! Bueno, para mí y para todas las marmotas a las que voy asustando a mi paso y que corren despavoridas a esconderse. Una pena que no se dejen fotografiar (aunque Ramon me ha prometido que en un par de jornadas las encontraré menos tímidas y entonces sí tendré la oportunidad de inmortalizarlas).
Lo peor es el ánimo. Pensaba que a estas alturas debería andar como una moto y en vez de eso me veo torpe y pesada. Porque al dolor de pies se añade la pesadez de estómago (¿tantos días de comer diferente?). Me da rabia (ya sé que es una tontería pero me cuesta evitarlo) tardar nueve horas en hacer trayectos que dan como de seis ¡y eso sin casi pararme!. Me da rabia que lo físico siga siendo tan protagonista. Me da rabia sentir que he llegado hasta aquí y que, sin embargo, mi motivación comienza, por primera vez, a decaer. Veremos…
Esta noche, camping. Al lado del puente románico de San Nicolás de Bujaruelo, en el preparque de Ordesa. Un oasis de tranquilidad cuyo restaurante tiene una carta más que apetecible, además de raciones generosas y gente amabilísima. Aquí reencuentro a Natalia y a Richie, una pareja que sigue el GR11 y con la que he coincidido en Candanchú y en Respomuso. La charla fluye más que agradablemente gracias a las experiencias compartidas (¡han pasado por lo mismo que yo!) y además obtengo de ellos valiosos consejos podológicos. ¿Qué más se puede pedir?
Mañana, el cuerpo me pide descanso.


























