Quasimoda a contra corriente en Iraty

Otra vez condensando dos días de ruta: los que transcurren entre Roncesvalles y el Coll de Bagargi, en Iraty. Dos días de mucho calor y también de mucho cansancio, viendo cómo los 2000 metros del Ori se aproximan hasta tenerlos, esta noche, muy cerca, justo a mi derecha mientras ceno. Pero antes he pasado por el Okabe, esa cima plana, inmensa y pelada con restos primitivos en forma de cromlechs) del que mi amiga Rocío seguro que todavía se acuerda (¡qué envidia de memoria!).

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Cima del Okabe. Al fondo, a la izquierda, y aunque no salen en la foto, están los cromlechs.

El Ori es un pico “jorobado”, como jorobada soy yo con la mochila a cuestas y más jorobada me vuelvo con el cansancio y los dolores varios que le acompañan. Jorobada y con calor y con mucho viento de cara en los collados y muy poca gente andando. Y la poca que hay, jorobados también, van, como el viento, en mi contra (es lo que tiene salir de Roncesvalles y alejarse de Santiago). Hasta los caballos van en contra.

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Collado de Lepoeder. Al fondo, Auritz (Burguete).

Ayer volví a pasar sed. Ni mucho menos tanta como hace cuatro años en Belagua, pero la suficiente para recordar el profundo sentimiento de angustia y desazón, de fragilidad, de desesperación, de aquella vez. El fantasma resucitó y una vez resucitado no para de recordarme que dentro de dos días volveré a estar en lo que recuerdo como un infierno. A pesar de eso, y del respeto inicial que me daba volver a pasar una noche en plan salvaje (acampada libre junto al río en un lugar sin cobertura) ayer dormí mucho y razonablemente bien. Pero el fantasma sigue ahí.

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Desde mi punto de acampada, al norte de la presa de Irabia, sigo mi camino.

Hoy no he pasado sed pero sí calor. El tobillo izquierdo sufre con la lengüeta de la bota. Las plantas de los pies me arden y el hombro izquierdo no se acaba de acostumbrar a la mochila. ¿Será que, independientemente de la joroba, también estoy contrahecha? Y eso por no hablar de la suciedad y el sudor (sucia), de las arrugas que cada vez se marcan más en mi cara (vieja), de lo mal que me queda la gorra y el pelo enrabietado (fea) y de que mi talla no es una 36 (gorda). Vamos, que casi soy como Alma Schindler en el retrato que hizo de ella hace unos días Gonzalo Ugidos en El Mundo, y que se ha difundido bastante por las redes (al menos por las musicales).

Fea y gorda, pero además seductora con malas artes e infiel. ¿Así es como se retrata a quien debió ser una mujer fascinante?¿A quien admiraron y amaron Gustav Klimt, Gustav Mahler, Walter Gropius, Oscar Kokoschka y unos cuantos (y posiblemente unas cuantas) más? Todavía estoy por ver un retrato semejante de algún artista (o no artista) hombre. Porque si la valía de una persona se mide en su belleza (que recordemos que es un parámetro cambiante y subjetivo), por su talla o por su fidelidad, entonces podemos empezar a tachar de la lista a la mayoría de los “grandes” hombres de la historia. ¿Jugamos?

Haciendo un ejercicio de psicología barata, se me ocurren varias excusas para que alguien escriba algo así: la primera, que ha sufrido recientemente un fracaso sentimental y está despechado con todas las mujeres del mundo; la segunda, que le resulta tan atrayente una mujer que fue a contra corriente de lo que la moralidad conservadora prescribe para las mujeres que no puede sino criticarla enconadamente; la tercera, y la más temible de todas, que sigue pensando que, efectivamente, una mujer debe ser un objeto bello y sumiso y ¡ay como se salga de ese papel!

Rocío, mi amiga, que además de una gran memoria posee una personalidad extraordinaria, y es firme y conciliadora, original y sensata, hace muchos años, cuando nadie hablaba de ello, ya sentía los piropos como algo molesto, invasivo, agresivo. En su clarividencia supo ver en ellos la más clara expresión del cómo hacer de alguien un objeto. Si el objeto es feo, ya no sirve.

Mi caminata de estos dos días va por todas las “feministas feas”, las que no queremos depender de la aprobación de ese sexismo trasnochado que nos impide ser, más guapas o menos guapas, nosotras mismas. Y por las mujeres que han ido y van a contra corriente consiguiendo derechos de los que todos y todas disfrutamos. Y por Rocío, por la claridad e independencia de su pensamiento y por su inmensa inteligencia emocional.

Bueno, y por la cantidad de yeguas con sus preciosos potros que me he encontrado en el camino.

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El Ori, a la derecha, desde el Coll de Bagargi.

 

8 pensamientos en “Quasimoda a contra corriente en Iraty

  1. Bueno, líbreme Dios de incurrir en atentado contra tu bien construido alegato feminista, pero, además de yeguas y potros, algún caballo habría por los montes, ¿o no?

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