Día 4. Erratzu-les Aldudes: Cresteando

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El valle de les Aldudes desde la frontera

Entre dos países y entre dos valles, el de Baztan en España y el de les Aldudes en Francia. Porque gran parte de la ruta de hoy se ha desarrollado justo en ese punto de indefinición geográfica y política marcado por crestas sembradas de mugas fronterizas. Entre hayedos y vistas espectaculares a ambos valles.

Como el día prometía ser caluroso anoche me oropuse salir a las 7.00 pero parece que es imposible ponerme en marcha antes de las 8.00. ¿Cómo se puede tardar tanto en recoger? Que si pliegas saco y colchoneta, que si secas la tienda (¡cómo puede condensar tanto!), que si reorganizas la mochila, que si comes algo, que si revisas, que si coges agua….. ¡Más de una hora de preparación! Demasiado para mis nervios. En fin, es lo que hay.

El problema de la ruta de hoy, aparentemente sencilla ya que solo era subir-crestear-bajar, es que no hay manera de saber cómo se llaman las cosas (los collados) aquí. Empezando porque el primero, el collado de Elorrieta, también se llama de Xorilepo, aunque en los mapas no suelen aparecer los dos nombres, y siguiendo por todos los demás: los nombres que aparecen en las rutas no se encuentran en el mapa con lo cual hay que intuir la “traducción”. Pero además el mapa tampoco indica senderos que sí están señalizados, algunos como GRs, en el recorrido, pero sin que haya forma de saber de dónde vienen ni adónde van. Menos mal que la combinación de tracks en el GPS y mapas en PDF en la ipad siempre me acaba sacando de apuros. Aunque a veces, para evitar proglemas, quisiera ser como Valentina, la venezolana que me encontré en Urdax haciendo el Camino de Santiago, y que ni siquiera sabía lo que eran los Pirineos, sólo seguía las flechas amarillas.

Pero además, están los hayedos. Esos bosques mágicos y aparentemente amables que no sé si me recuerdan más a la bruja de Blair o a la de Hansel y Gretel. Son bosques en los que los árboles se respetan, se dejan su espacio. Son altos —pero no tiesos ni engreídos—, y sus troncos blancos se suelen cubrir de una confortable capa de suave musgo. Bajo ellos, un suelo igualmente mullido acumula las hojas caídas a lo largo de los años. Si miras arriba, la luz se filtra a través del verde luminoso y transparente de la hojas nuevas. Pero si te dejas llevar por su belleza, te pierdes seguro. Porque todo es igual. Igual de hermoso pero igual. Mires donde mires, el bosque te envuelve. Y al enmudecimiento por la belleza le sigue la consternación por la desorientación. ¿Dónde estoy? Menos mal que “papá GPS” acude en mi ayuda.

El final del día ha sido extraño. La bajada (los 900m de rigor), por pista asfaltada con inclinación de vértigo y a pleno sol, agotadora. Menos mal que en Aldude había una fuente (y una familia de Barcelona que me ha dicho dónde estaba). Pero todavía quedaba el final: cinco kilómetros de carretera, de nuevo a pleno sol. Y el final del final. Porque esta vez, y no sólo guiada por el libro de la ARP de Alpina, sino también por la señora que me ha vendido fruta en Aldude, tampoco me he librado del chasco: la esperada zona de acampada de Urepel era un prado inmundo invadido por perros plastas y con una casa-caravana al lado en la que dormitaba una mujer que nos ha informado de muy malas maneras de que ella no sabía nada del camping.

Y digo “nos” porque ya llegando a Urepel, destrozada como estaba, un hombre se ha ofrecido a ayudarme y a llevarme hasta el susodicho camping. Se lo he agradecido en el alma, la verdad, pero más se lo hubiera agradecido si no hubiera insistido en que me podía duchar en su casa y en invitarme a algo. La verdad es que ha sido un momento pelín tenso. ¿A los casi 50 todavía hay que estar con estas? ¡Dios, qué hartura! Finalmente, como ha visto que no estaba para tonterías me ha traído de vuelta a les Aludes donde he encontrado alojamiento en una Chambre d’hôtes de esas limpias y auténticas, toda ella madera y detalles inútiles pero con charme (rústico, pero charme). La gloria.

Y de nuevo el comprobar cómo lo que parece malo se transmuta en bueno y viceversa. La vida.

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2 pensamientos en “Día 4. Erratzu-les Aldudes: Cresteando

  1. Lo del lugareño parece salido de una película, ¿no? “Puedes venir a mis casa, te das una ducha, te pones cómoda, nos tomamos algo…” Solo ha faltado un detalle: que tú fueras empapada por la lluvia, jejeje. Que le vamos a hacer, el hombre estará aburrido todo el día y verá muchas pelis.

    Pero vamos, con la venía de tu amiga Ro, que a tus casi 50 (no te pongas años…) estás muy bien, vaya.

    Por cierto, supongo que como ya has pasado Roncesvalles ya no verás flechas amarillas, pero ojo, que tu vas pa el otro lado, cuidadín jajajajaja

    Besos muy fuertes

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  2. ¡Jo, tía! En un día tan cansado como el que cuentas, podrías haber aceptado la invitación a ducha y cama. Y de paso, le pides al maromo que te dé un masajito (sobre todo pies y piernas). ¿Tan mal estaba el tipo?

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