Día 34. Les Boulloses-Eyne: Haciendo difícil lo fácil

Imagen fantasmagórica 1.

Imagen fantasmagórica 1.

Echar a andar a las 7.00h de la mañana para que no me pille la lluvia, con niebla y sin track (aunque con GPS y mapa). Llegar sin mayores problemas a las 11.30h a Font Romeu, a dos tercios del total del recorrido de hoy. Hacer una parada técnica (supermercado y cajero) y pensar que ya lo tengo todo hecho. Total, a Eyne no pueden quedar más que unos 5-6km y, aunque no tengo el track, puesto que estamos en terreno civilizado, con carreteras, pueblos, etc., no debe ser difícil encontrar los caminos…

Imagen fantasmagórica 2.

Imagen fantasmagórica 2.

¡Ja!¡Equivocación total! No solo es casi imposible encontrarlos y orientarse entre los muchos y muy cercanos minipueblos del amplísimo valle de la Cerdeña, sino que, cada vez que consigo situarme, me encuentro con que el camino está perdido y acabo desembocando en la carretera y en dirección contraria.¡He tragado cemento por un tubo! Y lo confieso, a escasos ¿3km? del final, cuando ya llevaba mis buenos 20km; cuando el último camino que aparecía en el mapa, el que me llevaba derechita a Eyne, ha resultado también impracticable; cuando al mismo tiempo, la lluvia que llevaba toda la mañana amenazando ha comenzado a caer inmisericorde; y cuando, como caído del cielo, un taxi ha parado justo en el cruce donde yo estaba (para “echar agua y hacer pipi”, en palabras literales, aunque traducidas, del taxista)…, me he rendido y le he pedido que me acercara a mi destino. Diez euros pagados más que a gusto.

Desde mi habitación en Eyne, antes de la tormenta.

Desde mi habitación en Eyne, antes de la tormenta.

Y el tiempo ha demostrado, una vez más, que la previsión era cierta: lluvia vespertina y, en este momento, una tormenta monumental que hace saltar los plomos y que me pilla, agraciadamente, a cubierto. A pesar de los ingratos kilómetros de más, el día ha empezado y ha terminado bien: Maravillosas y fantasmagóricas imágenes surgidas de la niebla en el más absoluto silencio; Una danesa que me ofrece café en su caravana en el Coll de Pam (no es broma, el collado se llama así); El cervatillo que se cruza en mi camino muy cerca ya de Font Romeu; Y un gîte con encanto (y, esta vez, limpio) y con baño privado para pasar una nueva noche al otro lado de la frontera.

Mañana, con sol de nuevo, al Monasterio de Nuria.


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