Seguimos con las tradiciones pero no, porque este año el baño inagural no lo he hecho el 1 de enero sino el 2. Y no lo he hecho en el Playazo sino en los Escullos. Pequeñas diferencias sin importancia porque lo importante, como siempre, es la sensación. De libertad, de limpieza, de plenitud, de agradecimiento, de esperanza…
El día uno, ayer, me levanté temprano. Quería ver, una vez más, amanecer. Subí de nuevo a la Torre de los Lobos y me senté mirando al mar. Había nubes en el horizonte. Hacía frío. Hacía viento. Metí las manos en los bolsillos del plumas, me subí la capucha y esperé, sentada, el milagro del día a pesar de saber que no sería el mejor de los amaneceres. Lo que no esperaba es tener interrupciones pero estas son las sorpresas de la vida. Una cosa son las expectativas y otra la realidad. ¿Hola? Una voz me sacó del ensimismamiento y ya no paró hasta que el día quedó, definitivamente, inaugurado. Lo bueno es que ni siquiera me molestó, solo me produjo curiosidad.





La voz era la de Javier, cacereño, profe de educación física y hablador, muy hablador. ¿Se puede conocer la vida de alguien en 15 minutos? No sé. Pero sé que la madre de Javier murió el año pasado, que él quiere que sus cenizas las tiren justo aquí cuando muera, que lleva 27 años con su mujer y que es padrastro y abuelastro de una niña que ha criado como a su hija. ¡Disfrutemos el momento!, decía mientras me pedía que le hiciera una foto y me contaba sus cosas. Curiosa forma de disfrutar el momento, pensaba yo. Un año nuevo, desde luego, diferente. El resto del día fue poco memorable. Mal tiempo, mucho viento, pocas ganas de hacer nada, paseo al Playazo por si acaso, vuelta y… ¡la luna!

A punto de entrar en la Posidonia la veo. Apenas una estrechísima línea curva encima de la montaña. Preciosa, increíble, mágica. Una luna que sé que significa cambios. A mejor. Y hoy, día 2 de enero el tiempo es fantástico, estreno la manga corta e inauguro formalmente el año paseando las playas entre la Isleta del Moro y los Escullos, por un sendero que todavía no había hecho, hasta encontrar el sitio perfecto para zambullirme. El viento ha parado y lo poco que sopla ya no viene del Norte sino del Sur. ¿Gente? En las playas, muy poca. Bañándose, apenas tres personas, yo incluida. El mar sigue algo movido y el agua está fría. Da lo mismo. El nuevo año lo merece.




