Galaroza-Castaño de Robledo-Galaroza: De oxcitocina, serotonina, endorfinas y dopamina.

En los últimos días le doy muchas vueltas a eso de las hormonas y cómo casi que piensan y actúan por nosotros (por nosotras). Se habla mucho de los estrógenos (y si una es menopáusica, más) o de la testosterona (que se vende como la cura de todos los males de los hombres de determinada edad). Pero a mí me interesan hoy la serotonina y las endorfinas, que se liberan en el contacto con la naturaleza y que, doy fe, proporcionan un placer indudable; la oxitocina, que se libera con el contacto físico; y la dopamina, que aparece tanto en una situación como en la otra (palabra de IA).

Galaroza y Castaño de Robledo son pueblos cercanos a Aracena, en la sierra de Huelva. Pueblos blancos, cuidados, preciosos. Especialmente el segundo, mucho más pequeño y con mucho más encanto. Ambos están unidos por el río Jabugo, por cuya ribera discurre un camino que, en esta época, y con todo lo que ha llovido, es espectacular. Serotonina, endorfinas, dopamina. La circular que hacemos hoy es de unos diez kilómetros. Y digo hacemos porque esta vez no voy sola. Tenía ganas de gente. Gente estupenda.

Ando, andamos, disfrutando del paisaje, de las laderas llenas de musgo y del musgo rebosando agua. De los ríos llenos, de los árboles pletóricos. En un día en el que apenas encontramos más gente que nosotros. En el que el silencio suena a corriente tumultuosa y el olor es a humedad. En el que los caminos muestran las señales del invierno, con surcos profundos que los deforman haciéndolos intransitables para unos y divertidos para otros.

Un día en el que, sin darme cuenta (solo lo pensaré después) intento tapar con serotonina el mono de oxitocina. Esa «hormona del amor» que llevo un mes escaso liberando y cuyo suministro se ha cortado bruscamente. ¿Es como hacerse drogadicta y que luego tu camello te falle? Algo así. A decir verdad, el proceso es fascinante. Y puedo prometer y prometo que hacía muchos, muchos años, que no lo experimentaba (de hecho no pensaba que podría volver a experimentarlo).

Un cuerpo que se encuentra con otro y una bomba hormonal que se dispara. ¿Y luego? Luego está que la edad, esa que nos decía que esto era imposible ya, es también maravillosa y permite ver las cosas como lo que son. Porque partiendo de que el proceso inicial es, básicamente, químico, interpretar adecuadamente (e indoloramente) las señales es mucho más sencillo. Paso uno: si hay algo que nos hace sentir mal en una relación, sea esta de la índole que sea, es que se trata de una relación tóxica. Paso dos: si es tóxica, hay que irse. Paso tres: el mono hay que pasarlo (se pasa). Paso cuatro: reinterpretar todo desde la tranquilidad recuperada y ser capaz de separar el arte del artista, quiero decir, el proceso hormonal del supuesto enamoramiento real (que no, que no hubiera aguantado ni media embestida). Porque la oxcitocina sí confunde y quiere que asociemos sentimiento y persona cuando son independientes. El sentimiento es nuestro. La persona… de su padre y de su madre. Lo ideal es que coincidan, claro, pero el mundo está lleno de grandes artistas que fueron (son) personas abyectas.

Y contra la oxitocina (o hasta la próxima), serotonina. La naturaleza nunca defrauda. Al final de la ruta circular que nos conduce de vuelta a Galaroza, un pino increíble, espectacular, grandioso, en el que el tiempo también ha hecho estragos arrancando de cuajo una de sus más grandes ramas, pero que no por ello deja de ser impresionante: el pino Atalaya.