Segundo destino de vacaciones: Plan, en el valle de Chistau, un lugar recóndito situado entre los tres macizos más impresionantes del Pirineo: el de Monte Perdido (o las Tres Sorores), el del Posets (al que se accede directamente desde el valle) y el de la Maladeta (cuyo vértice superior es el Aneto), es decir, rodeado de tresmiles. Gracias a ellos, y a la protección que le brindan frente a los temporales que vienen del Oeste, del Norte y del Este, respectivamente, parece que esta zona tiene un microclima especial.

A quienes tenemos una edad, Plan nos suena de las célebres «caravanas de mujeres» que organizaron los solteros del valle entre 1985 y 1990 para atraer a posibles esposas. ¿Algo así como el Tinder de la época? El pueblo, los pueblos de la zona, como consecuencia de una economía ganadera y un sistema que hacía herederos a los primogénitos (hombres), se había despoblado de mujeres que, ante la ausencia de oportunidades, no habían tenido otras opciones que irse a estudiar o trabajar fuera. Un sistema machista que las echa y un recurso casposo que las trae de vuelta. En fin.





Desde aquí hay muchas rutas posibles pero empiezo por la que es, quizá, la más conocida y emblemática, el must de la zona: el ibón de Plan. El que sea tan conocido se debe, supongo, a que es fácil acercarse a él en coche y eso lo hace accesible a la mayoría de la gente, que sube desde Saravillo, al comienzo del valle, hasta quedarse a apenas un paseo del lago. Sin embargo, subir desde Plan no es tan sencillo. El desnivel es de unos 900 m por un camino considerablemente vertical. La subida se hace larga y el bosque parece no acabar nunca a pesar de estar amenizado por algún que otro puente que cruza el torrente. Pero ya casi arriba, el paisaje se transforma. Los árboles se esponjan permitiendo ver toda su altura, la pendiente se suaviza y el suelo se convierte en prado que ¡sorpresa! está plagado de lírios (los «matapollos», como los llaman aquí). Es una auténtica belleza ese final del camino hasta el lago, aunque eso no quite la decepción de encontrar a tanta gente cuando se llega a él. Y la decepción también porque, a pesar de lo mucho que ha llovido este año, a estas alturas de julio el nivel del agua ya empieza a estar algo bajo. No obstante, el paraje es excepcional.

Descanso y como junto al lago, y me animo a seguir. Aunque en realidad creo que son las vacas las que deciden por mí. Hay montones de ellas que se ponen en marcha casi al mismo tiempo que yo, cual ejército nada silencioso. Sus mugidos son atronadores y su presencia avasalladora, así que decido ir justo en sentido contrario, hacia el collado. Y al final se lo agradezco. Aunque eso suponga subir algo más –unos 300 m–, las vistas del Monte Perdido y su macizo desde allí son excepcionales. Disfruto como una enana y me vuelvo a animar, esta vez a hacer la circular y volver a Plan por el otro lado siguiendo el track que me he descargado esta mañana.




Pero como no hay día de montaña (o casi) sin algún percance, me lío a la bajada siguiendo el track y las paso, digamos, regular. En vez de seguir el GR, cojo un sendero mínimo por una ladera de piedra que me lleva hasta lo alto de la Peña de las Diez. Desde allí hay nuevas vistas espectaculares, esta vez hacia el Posets, pero después, me empeño en bajar por donde no debo. Sin entrar en detalles, lo bueno es que es cuerpo aguanta mejor de lo que pensaba. Llego tarde, pero a tiempo para tomar un tartar de trucha en la Capilleta, uno de los restaurantes de Plan. Delicioso.

Hola, has ido a uno de los mejores valles del Pirineo aragonés. En el año 1986 fuimos por primera vez al cámping Los Vives de Saravillo acabado de inaugurar. Estuvimos 6 o 7 años consecutivos yendo a ese camping y aún nos quedaron lugares por conocer, pues hay tal cantidad de cumbres, collados, lagos que no se pueden visitar en tan poco tiempo.
En el 1986 fuimos en 4 x 4 por la maltrecha pista hasta el refugio de Lavasar y después al ibón de Plan, estábamos solos en agosto, no había nadie, más tarde unos pescadores y nadie más.
En el 1989 ascendimos desde el collado de Santa Isabel al Cotiella, increíble sesión de alta montaña marcada por la roca caliza que reverbera por el sol y sin nada de agua. Más de 12 horas entre subir y bajar, pero nos dejó un recuerdo imborrable. Tampoco encontramos en todo el camino a nadie, que solitario era…
Saludos
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Sí que es una maravilla este valle. Yo he recalado en él un par de veces en los últimos ¿quince años? pero siempre por muy poco tiempo y con ganas de más. Y este año, después de haber pasado una semana en él, sigo con ganas de volver. ¡Qué suerte la tuya de haberlo conocido mucho más solitario!
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